Es momento de Mediación

 

Hace poco más de un mes que hemos dado por terminadas nuestras vacaciones de verano. Los niños y niñas vuelven al colegio y los padres y madres, al trabajo, a la organización de la vida cotidiana y del temido invierno, a veces agradecido, por ordenado.

Es en estos momentos, tras la convivencia del verano, del tiempo compartido por toda la familia, cuando se producen muchos conflictos, precisamente porque “el roce hace el cariño” y cuando el cariño ya no existe, es el roce el que aflora por doquier.

Y es entonces cuando me vienen a la cabeza las consecuencias en todos nosotros y nosotras, pero sobre todo, en nuestros hijos e hijas de  no resolver bien las situaciones familiares  conflictivas, sobre todo por el miedo a decirnos las cosas, a hablarnos desde y con el corazón.

Ya lo apuntó en el año 1987 la Asociación Americana de Psiquiatría cuando hablaba del divorcio como una experiencia muy estresante para los niños y niñas a corto, medio y largo plazo. Pero como también apuntaba dicha institución, no es el divorcio en si el causante de las alteraciones que puedan producirse ellos sino las variables que acompañan a estas rupturas familiares y que se constituyen  en una dinámica perversa  que saca lo peor de todas las personas implicadas en el mismo.

Y por ello quisiera recordar en este post las conclusiones de la Asociación Americana de Psiquiatría  respecto a este tema para que nos sirvan de recordatorio y de reflexión en estos momentos, donde seguro se están produciendo muchísimas situaciones de separación, divorcio o cualquier otra de conflicto alrededor de los miembros de la familia:

“Existen una serie de factores de riesgo que si no se amortiguan o se extinguen pueden dar lugar a que el niño desarrolle psicopatologías. Estos factores de riesgo son:

  • Ausencia física y emocional de la figura parental que no convive habitualmente con los hijos.
  • Conflictos antes y durante la separación.
  • Discrepancia en las pautas educativas.
  • Perder el contacto con familiares, amigos y profesores.
  • Relaciones padres e hijos de poca calidad,
  • Cambios en las condiciones económicas,
  • Actitudes victimistas en los progenitores.
  • Dificultades de ajuste emocional en el niño.
  • Múltiples cambios familiares.

Por otro lado, además de lo anterior, en procesos de ruptura familiar pueden darse actitudes maternas y paternas negativas y de riesgo para la salud psicológica del menor tales como:

  •  Impedir el contacto del hijo con el progenitor no custodio.
  • Devaluar la imagen del progenitor ante los ojos del niño.
  • Criticar/ insultar al ex cónyuge.
  • Sobreproteger al niño.
  • Impedir que el niño asuma responsabilidades por pena hacia él.
  • Compartir con el niño los sentimientos que ha generado la separación (odio, rabia, agresividad).
  • Poner en contra a los hijos de la nueva pareja del ex cónyuge.
  • Colocar al niño en el papel de juez: « ¿Con quién quieres irte este fin de semana, con papá o con mamá?»
  • Compartir detalles de infidelidades, vida íntima, …
  • Hacer sentir al niño culpable por querer ver al otro progenitor.
  • Programar actividades que obliguen al niño a elegir entre éstas o la estancia con el progenitor no custodio.
  • Poner a prueba la lealtad del niño.
  • Utilizar a los hijos para trasladar comunicaciones al otro progenitor.”

Las cosas se pueden hacer de otra manera, recapacitemos, pensemos más en las consecuencias de nuestros actos sobre nuestros seres más queridos y vulnerables, seamos GENEROSOS en el esfuerzo y visión que son necesarios para entender bien estas situaciones y actuar en consecuencia,  y seremos TODOS,  mucho más felices.

Nos seguimos encontrando…